miércoles, 05 de diciembre de 2007

GALICIA CALIDAD...

Galicia... tierra herida por el agua. Nunca había estado allí y hace dos semanas tuve que pasear palmito por esos lugares tan llenos de grandeza.
Después de 8 horas de coche, de llevar a dos caminantes de la vida en el coche y dejarlos en Benavente en el hospital, pero esa es otra historia, llegué a Vigo.
Vigo, como ciudad, puede ser una de otras tantas. Pero lo que más puede llamar la atención son sus gentes, sus moradores. No me encontré con nadie que no me quisiera ayudar. Desde los trabajadores del hotel CHIPEN, hasta las amables dependientas de la ferretería donde me compré un carro de compra. Todos fueron muy amables y encantadores.
Actué en un bar lleno de gente que esperaban pasárselo bien y lo consiguieron. Lo que no conseguí yo es que al principio de la actuación hubiese pilas en el micrófono... en fin, cosas del directo.

Al día siguiente a Ferrol... dos horas de coche por una de las autopistas más hermosas y caras, por cierto. Paisajes increíbles, derrepente agua, y a la siguiente curva, montañas enormes y verdes, apesar de la sequía. Nunca he disfrutado tanto de un paisaje así, simplemente hermoso por su bestial naturaleza.
Ferrol es una ciudad curiosa. Con un casco antiguo que se cae por su dejadez y que recuerda por su belleza que tuvo años de esplendor. No es muy grande, su puerto es inmenso al igual que el público y su gente. Porque si en Vigo se portaron bien, en Ferrol me trataron como nadie lo había hecho. Genial la comida en casa de unos padres de un chico dueño del bar donde actué. Una sopa casera que hacía años que mi paladar no recordaba... después calamares, carne y un sin fin de cosas que hicieron que después me fuera al hotel a descansar.
La actuación fue un auténtico placer para mí y para el público.

Al día siguiente un cómico gallego me invitó a comer a su pueblo. Sada. Pueblo costero, donde está el famoso Pazo de Meirás, de cierto personaje gallego que vivió más de lo necesario. Visité el pazo por fuera, como casa está muy bien y sus jardines están cuidados... una persona que dominó un país tantos años no tiene que ser tonto, no...
En Sada comí también como un rey en un restaurante al lado del mar. Si me dicen donde vivirías, iría allí sin dudarlo.
Después de la comida me fui al interior de León, a Ponferrada, pueblo minero, rico, y helador. 6 grados bajo cero hacen que hasta mis pestañas se helaran.
Ya había estado en Ponferrada en casa de mi amigo Ramón una vez que actué en Orense. Es una ciudad curiosa, donde puedes pasar la calle sin que te atropelle nadie. Todo el mundo para en los pasos de cebra. Si alguna vez vais, intentarlo. Os juro que se paran todos.
Tiene edificios muy antiguos, hermosos, con mucha historia. También tiene un parque enorme donde los estorninos cantan todos los atardeceres. Supongo que para no morirse de frío.
El público de Ponferrada es respetuoso y sabe reirse. Lo pasaron muy bien y yo conocí a uno de los personajes más curiosos de esta ciudad. Un artista con la madera. Con su motosierra hace figuras imposibles, desde coches, hasta lo que su imaginación pueda crear.

Después de dormir en casa de Ramón, volví a mi pequeña ciudad, Irun. Muchas horas fuera de casa en dirección contraria al camino de santiago. Analizas las actuaciones, donde se han reído y donde no. La única compañía es la voz del GPS y de la radio... y te das cuenta de que hay que vivir un poco más esta inmensidad planetaria.
Hasta otra

Tags: galicia, ferrol, vigo, mario simancas, ponferrada, benavente, risas

Publicado por simancasirun @ 8:27 | VIAJES | 0 Comentarios | Enviar

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