jueves, 24 de enero de 2008

CUANDO VIAJAS RÁPIDO II

Hay algo que siempre me da un poco de angustia cuando conduzco por esta nacional 1... es una curva a la izquierda pasada la Cabrera. No te la esperas cuando pasas por primera vez, en mi caso hace ya muchos años. Es curioso, pero siempre pienso en esa curva cuando todavía estoy lejos, bajando el puerto. No pienso en su forma, que para nada me recuerda a la de las mujeres, no sé de donde viene eso de las curvas de la mujer. Pienso en la gran galleta que te puedes dar como entres a cierta velocidad indebida.
Llegando a San Agustín de Guadalix la carretera se convierte en tres carriles desde hace poco tiempo y como por arte de magia, comienzan a aparecer todos los coches que no has visto en tu viaje. Es como que todos te están esperando para lograr atascos cuando llegas a ese punto. Pasas el Jarama... quién no ha mirado a la derecha para ver si vemos, por casualidad, a Fernando Alonso. Evidentemente, no lo ves, pero sí puedes ver gente en moto que van dando vueltas al circuito como si la vida les fuera en ello... qué tontería. Matizo, la vida se les puede ir en ello.
Madrid... no sé que decir de esa gran ciudad. Menos mal que tengo al GPS, sino seguiría agobiándome buscando los lugares a los que tengo que acudir. Aún así, para un chico de provincias como yo, sigue resultándome agobiante y estresante. Y eso que estuve saliendo con una madrileña unos cuantos años. Lo complicado era quedar para tomar un café... estabamos lejos.
Yo pensaba que vivía en una ciudad cuando moraba en Donosti, siempre pensando en extensión geográfica. Fui a Madrid y me dije, Donosti es un pueblo, Madrid una ciudad. Al cabo del tiempo conocí París y me dije: Donosti es una aldea, Madrid es un pueblo, París es una ciudad. Hace 6 años ya, visité Lima (Perú) y volví a pensar: Donosti es un barrio, Madrid es una aldea, París es un pueblo, Lima es una ciudad... así que no quiero seguir visitando grandes poblaciones porque cada vez siento más morriña de la ciudad que me vio crecer. Ojo, siempre hablo de lugares pensando en lo que ocupan en espacio geográfico, sin menos preciar, evidentemente, la calidad que estos núcleos urbanos ofrecen.
En Madrid comí y dormí muy cerquita del estadio Santiago Bernabeu. Mira que es grande ese pedazo de cemento. Entiendo la euforia de los aficionados al deporte rey cuando ven esas gradas. Hay que estar muy pletórico para meterse allí y subir hasta lo más alto.
Quizá es que adoro el balonmano, lo practiqué durante 26 años, o quizá porque mi equipo es la Real Sociedad, pero la de Atotxa, campo pequeño, campo familiar, campo de futbol... campo histórico de primera ya desaparecido, pero es que el fútbol ya no me llama y ver el Bernabeu es como ver un coliseo gris, donde mucha gente vierte sus iras, sus frustraciones y sus ilusiones gritando a 22 jugadores de corto detrás de un balón. Al menos en el balonmano, se ven goles.
Al día siguiente, después de participar en un pseudo concurso de humor a las... OCHO de la mañana, sin público, sin nadie, me dirigí hacia Albacete por la A-3, la famosa carretera de Valencia. Famosa por sus atascos veraniegos donde la gente se empeña en hacer colas y colas como si fueran las rebajas. Si la playa no se va a ir, va a seguir ahí, bueno, por lo menos hasta dentro de 30 años que desaparecerán según los expertos. Pero tienes tiempo para llegar, no?
La A-3 es una carretera curiosa, por lo menos en su tramo por la comunidad de Madrid. Recta, sube, baja, sube en curva, baja en curva, sube en recta, baja en curva, sube en curva, baja en recta... me parece uno de los tramos más peligrosos que existen.Y para colmo con un asfalto viejo, color gris cemento. Al recorrer unos 50 kilómetros la cosa se calma y comienzas parsimoniosamente a llanear. Ya no hay mucho que ver, campos y campos a tu alrededor, rectas muy largas que para los que vivimos en zonas donde una recta tiene como máximo 500 metros, nos parece increíble que podamos mirar un poco más por la ventanilla para admirar estos campos llenos de sudor y cereales, campos que siguen produciendo lo que hombres y mujeres de campo sembraron hace siglos, sin pausa, sin más vista que la tierra dura de tratar, tal y como te trata ella, de forma dura. Esfuerzo grande que las máquinas han ido suavizando y por contra, daño colateral le llaman, han hecho que los pueblos sean más viejos, más tristes, sin los llantos de niños y sin la ilusión de ver tu pueblo creciendo y con vida. Que pronto olvidamos todos nuestra historia.
Se me hace eterno este tramo de viaje. Deseas cuanto antes llegar a la bifurcación donde, si vas para Albacete y Murcia, tiendes a la derecha suavemente, mientras dejas que los que van a la tierra de la paella sigan recto, sin esforzarse un mínimo por girar al volante. Después, más campo arado y desierto.
La roda te avisa que estás cerca de Albacete. Los molinos escasean, los tradicionales, esos que Don Quijote, un día de borrachera, intentó entrar en ellos sin pagar, apenas se ven. Los que se ven son los modernos, los anoréxicos, esos molinos eólicos que aprovechan la fuerza del viento, como si fuera una novedad, para crar energía que el ser humano necesita para ser menos humano.Y por fin, ALBACETE.
Creo que esta ciudad es más famosa por el dicho de " en Albacete caga y vete" que por sus virtudes. Pero esto es otro capítulo si alguien me lee.
Un saludo

Tags: madrid, albacete, murcia, aljucer, mario simancas, comicos

Publicado por simancasirun @ 8:22 | VIAJES | 0 Comentarios | Enviar

Comentarios