Cada vez me gusta más viajar hacia tierras leonesas desde Irun. Si lo hago al atardecer me entretiene mucho ver a los peregrinos del camino de Santiago cruzando esta llanura inmensa con sus mochilas a la espalda y el paso cansino pero seguro. Me dan envidia porque son personas que han hecho un alto en sus vidas para hacer algo que no todo el mundo ha conseguido. Puede que algún día me anime a dejar zapatilla en el camino o rueda de bicicleta, que será igual de duro, pero más rápido.
Tenía que ir a Ponferrada. Era la primera vez que iba a actuar como cómico en solitario en un centro comercial, El Rosal. Inmensa mole de tiendas típicas de estos típicos pseudo centros de ocio y consumo. Me tocó actuar en una bolera!!! Llena de máquinas estúpidas que intercambian dinero por un poco de disfrute virtual. Nunca he sido aficionado a este tipo de atracción, así que me impresionó ver tanta maquinita junta haciendo ruído.
El local estaba muy bien, escenario majo, equipo de sonido bueno, luces en su justa medida y lo único que faltó fue algo más de público, vamos que para la inmensidad del local, los quince que estuvieron disfrutando de la actuación se quedaban en nada. No veais lo duro que es actuar para solo 15 personas y otras diez haciendo ruido con las máquinas de ocio. Pero hay que estar a ello y lo conseguí. Disfruté todo lo que las circunstancias pueden dar y no lo pasé nada mal. Mis quince seguidores tampoco, porque entre trozo de hamburguesa que se tomaban, les daba tiempo para reir y aplaudir, cosa que es muy de agradecer.
Después intenté salir nada más terminar hacia Ávila, ya que iba a dormir allí, cerca del Barraco, cuna de ciclistas risueños como el paisaje que rodea a esa tierra. Intenté porque no lo conseguí hasta después de 20 minutos perdido en la inmensidad del puñetero parking del centro comercial. No lograba encontrar el coche!!!. Os juro que es una sensación curiosa la de ir por un parking semi vacío sobre las 22:30 de la noche y no ver tu automovil que te tiene que sacar de ese bloque de cemento pintado de colores con letras con números para que no te pierdas... o soy muy tonto, o algo falla en ese parking. AL final tuve que volver al centro comercial y volver a bajar por donde había subido, ya que mi error fue bajar por un ascensor diferente al que subí.
Llegué sobre las 2 de la mañana a Ávila... a esa zona de España y, como siempre que voy allí, me quedé extasiado con el espectáculo tan maravilloso que da la tranquilidad de la noche sin ruídos, sin contaminación, ni luz y con un cielo nocturno tremendamente hermoso. Todo esto para contemplar la vía Láctea en toda su magnitud. Un baño de estrellas, planetas y tranquilidad que hacen que te sientas minúsculo, mínima expresión de la raza humana... Pero que maravillosa sensación. Al día siguiente otro viaje, pero menos distancia. Solo 70 kms. Me esperaba el Real de San Vicente, provincia de Toledo... pero ese viaje va en otro artículo.
Gracias a todos los que leen esto si es que alguien lo hace.
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