miércoles, 13 de agosto de 2008

Después de descansar en esas montañas de Avila al lado de pantanos y rodeado de hierba seca como marca agosto en Castilla, me dirigí por ya de noche al Real de San Vicente, en concreto a un sitio llamado Casa Wimba. Lo primero que piensas del nombre es que tiene que ser algún africano afincado allí, pero no. Es un tipo al que todos llaman así, Wimba, joven y preparado para aguantar la refriega que su concurrido local ofrece todas las noches. Wimba es un tío increíble porque según está colocando el equipo de sonido, está sirviendo mesas, cortando pan, llevando bebida y sonriendo constantemente. Es de los pocos hombres que conozco que sepan hacer más de dos cosas a la vez y bien.
Llegar a este pueblecito, es complicado desde Avila y más si tu tom tom te envía por carreteras secundarias y por pleno monte. Y si para colmo viajas ya de noche, ni te cuento que tortura automovilística puede llegar a ser. Me gusta disfrutar de los paisajes pero de noche está muy complicado, así que me centré en los faros que rompen la nocturnidad para no tener ningún despiste y acabar en algun barranquillo, dehesa  o no matar algún animal nocturno que ve invadida la tranquilidad del viejo asfalto mientras está descansando en medio de una carretera solitaria.
Actuar en casa Wimba tiene sus pegas. Lo haces muy tarde, empecé sobre la 1:20 de la madrugada, en una terraza al aire libre, repleta de gente que lleva esperando mínimo desde las 12 y con una temperatura baja ya que  casa Wimba está en la sierra Toledana, cerca de Talavera de la Reina. El primer pase estuvo muy bien, la gente disfrutó y lo pasó muy bien. El segundo pase, que comenzó después de un descanso de casi 20 minutos, otro error para mi modesta opinión, fue diluíendose poco a poco de público porque ya eran más de las 2 de la mañana y el frío no perdona a nadie, ni a mí. Al final quedaron los del pueblo, los turistas se fueron a la barra a calentarse con alcohol y los más afortunados, a su cama acompañados.
Yo tenía hasta las cuerdas de la guitarra heladas... pero terminé agusto y cantando el Somos Idiotas, himno tradicional ya en mi despedida con los valientes que aguantaron el frío para verme. Quiero agradecer a la cuadrilla formada por María, que espero que consiga entrar en su futuro trabajo y os aseguro que será muy buena en ello porque tiene una mirada de verdad, a Nacho ( Luis Marcos Alfredo Juán) a Lidia y su hermana Sara, teneis  unos ojos hermosos que quitan el hipo a cualquiera, por sonreir y agradecer mi actuación con sinceridad.
Dormí en casa Wimba y desperté a las 9 para quedarme asombrado del paisaje que este pueblo oferta al turista. De noche no había podido contemplar la belleza de este paraje natural, rodeado de árboles, de montaña y rocas y de gente encantadora. El Real de San Vicente es único y merece la pena visitarlo simplemente por el hecho de recrearse en la naturaleza que rezuma por los cuatro costados.
Ese día me tocaba volver otra vez a León, Castilla para arriba y parar en  Pozuelo del Páramo, un pueblo anclado en la inmensidad de esta provincia, cerca de Benavente, en cuya geografía no ha pasado el tiempo desde hace décadas. Me hospedé en el hostal Los Angeles, el típico hospedaje de carretera donde se duerme bien y se come mejor. El trato es muy correcto y el precio muy económico.
Otra vez me tocó actuar a la 1 de la madrugada, en la plaza del pueblo, sin escenario y con una discoteca movil detrás como telón de fondo. Es decir, las luces alumbrando mi espalda que es lo más bonito que tengo... Estas fiestas las organiza una asociación llamada El Lagar, cuyos miembros son personas oriundas de este pueblecito que en invierno peina canas porque solo tiene unos 70 vecinos. Esta asociación organiza una semana completa y se parten los cuernos para que todos los ex vecinos y descendientes se junten una semanita para no olvidar raíces, no olvidar amistades y no olvidar los orígenes de todos ellos. Me parece un gran gesto digno de imitar en todos los pueblos que van desapareciendo por falta de cariño de sus ex moradores.
La actuación me brindó la oportunidad de meterme en la piel de los comediantes de finales del siglo XIX y principios del XX que iban con sus carretas por los pueblos haciendo sus gracias. Lo digo por tener que actuar en medio de la plazuela del pueblo, sin más parafernalia que mi humor y la luz de la discoteca movil en mi espalda. Me subí a la fuente del pueblo durante un instante, di volteretas en el duro suelo, toqué la guitarra como un bardo celta y me reí porque comprobé que da igual que no tengas medios  técnicos, da igual que no sea un teatro con escenario, da igual todo eso si lo que haces lo haces de verdad y llega al público. Un público que agradeció mucho mi actuación con risas, aplausos y sobre todo amistad. Gracias, sobre todo a la gente afincada en el País Vasco que se rieron con el Elvis, gracias a María y Sonia porque me enamoré de ellas por su sonrisa y su simpatía y gracias a la peña el Lagar porque hacen que el futuro de un pueblecito perdido en la inmensidad de Castilla León, esté asegurado de por vida.
Al día siguiente vuelta a mi casita, a mi nido familiar y a la playita de hondarribia que llevaba sin ver el mar más de cuatro días y para mí, eso es imperdonable.
Gracias a todos los que leen esto si es que alguien lo hace


Tags: El Real de San Vicente, casa WImba, Mario Simancas, Pozuelo del Páramo, Hostal Los angeles, León, comicos

Publicado por Desconocido @ 8:33
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Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 14 de agosto de 2008 | 19:40
Muy buenas,somos Lidia y Nany(camarera de Wimba)es decir mimadre.Como estaba buscando unas vacaciones de verano para mi,me he acordado de tu blog y hemos leido tus andaduras por Castilla la mancha tal y como dijimos.Fue 1Noche amena y muy divertida.SUERTE
Publicado por Invitado
martes, 02 de septiembre de 2008 | 20:04
Claro que Wimba suena a negro. Tendrías que haberle visto de Baltazar, el Rey Mago. Muchas risasMuchas risas con esos ojos azules que tiene, ja ja ja