Cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que escribí en la Soledad, aunque he de reconocer que lo he visitado asiduamente, no tenía tiempo suficiente para escribir y hoy que este domingo he madrugado y la casa está vacía de la vida de los niños porque duermen me he plantado delante del ordenador. El hecho de hacerlo de nuevo ha sido la imperiosa necesidad de seguir vivo, supongo.
Han pasado muchas cosas, muchos viajes y muchísimas actuaciones desde la última vez. Galicia, Donostia, Madrid, Murcia, Vitoria, Navarra, Palencia... un sin fin de kilómetros en la vieja ford galaxy recorriendo casi toda España. ¿Cosas que han pasado? Anuncios, series, algo de cine, producciones de galas, trabajo y trabajo... no me puedo quejar. Pero lo que más ha pasado es que sigo conociendo gente, cada vez que viajo, sencillamente fantástica.
Los últimas personas que he conocido son todos de Castilla León. Concretamente de Burgos capital y de un pueblecito llamado Santovenia del Pisuerga que está pegadito a la capital Vallisoletana. Es que este último fin de semana actué en la mítica sala LA ABUELA VUELA de Burgos y en el pub MAVERIK del citado pueblecito.
La ABUELA VUELA es un local fantástico. Uno de los más emblemáticos y con más tradición programadora de toda España. Lo lleva su dueño, Luis, un tipo aparentemente tranquilo por la serenidad que te da tantos años de curro en el mundo de la hostelería burgalesa.
El público de la Abuela es genial. Saben a lo que van, saben que van a reír entre nubes, saben que van a disfrutar de la persona que se sube al escenario porque así lo quieren y el cómico solo tiene que poner lo que sabe hacer, su trabajo y su entrega. Fue un bolo genial con todo el mundo cantando las canciones y con una pseudo rubia en primera fila que fue un sol de paciencia conmigo.
Al otro lado estaba la cuadrilla de Toni, Alberto, Andrea y Raquel con los que tuve una charla medio filosófica antes de empezar la actuación y pude comprobar que en todos los sitios la gente joven tiene las mismas inquietudes, las mismas ganas de vivir y las mismas ganas de sentirse vivos, de esta conversación salió la decisión de estar de nuevo aquí, en la soledad del cómico.
Solo decir que la actuación de la Abuela Vuela fue para emmarcarla en el alma. Gracias a todos los que estuvísteis.
Después de la actuación en Burgos, volví en la vieja ford a casa. Llegué a las 4:25 agotado, pero contento. Regresé a casa porque mi familia es lo más de lo más que tengo y me cuesta mucho no estar con ellos. Cada día más... la N-1, por la noche, se viste de sombras, de fantasmas y de luces en el horizonte que marcan las distancias que aún te quedan por recorrer. Se me hace muy duro mantener la atención en la carretera y de ahí que siempre lleve una manta y un almohadón en el coche para dormir cada vez que mis ojos y mi mente dicen que pare. Hace 10 años hubiera jugado con la muerte y el sueño. Al día de hoy, estoy totalmente curado de esa enfermedad loca llamada "tira millas".
Al día siguiente a Valladolid. Hostal Ramón y Cajal, donde te atiende una chica genial llamada Ana y con un libro de visita de artistas que tuve el gran honor de firmar y por la noche a Santovenia del Pisuerga.
El Pub Maverik es un local con una terraza fantástica, unos camareros divertidos y un público curioso. Ahí estaba Pedro, un tipo duro con corazón de pan y sus amigos. Allí me saludó un Irunes, cosa increíble, porque lo que menos puedes esperar es que haya alguien del pueblo que me ha acogido en un pub de Santovenia.
La actuación fue de las de decir: me lo he currado. Poco público que había acudido a la actuación, poca luz, buen sonido y una sala paralela a la que actúas en la que estaban cenando y llegaba un murmullo y unos gritos de infantes que hacían que, de vez en cuando, se te hiciera duro estar encima del escenario. Al terminar me felicitaron todos y, muchos de los que fueron a ver la actuación y cantaron el somos idiotas con convicción, me pidieron perdón por el ruido que salía de la otra sala. Allí conocí a Andrea y Adrian, una pareja que han nacido el uno para el otro y que nada los separe... en ellos vi y reconocí el amor por y con pasión, con fuerza y bravura por luchar ambos por ellos mismos. La juventud da golpes a la vida para imponer sus condiciones y ellos, Andrea y Adrián, son el vivo ejemplo de la viva llama de la propia vida... Espero que os vaya muy bien, pareja.
Al día siguiente, vuelta a casa por donde siempre, pero esta vez de día... sin sombras, sin fantasmas y con la luz del sol, que te indica que la vida, merece la pena vivirla como cada uno quiera y desee...
Un saludo a todos los que leeis la soledad,si es que alguien lo hace.
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