martes, 10 de agosto de 2010

El día 7 de agosto tuve que viajar a Calalberche. Una urbanización al lado de Aldea del Fresno perteneciente a la provincia de Toledo. Me habían contratado para actuar en una cena de la Asociación vecinal de Amigos de Calalberche y no me pude negar, apesar de ser un palizón el viaje, montar equipo, actuar, desmontar, dormir 4 horitas y volver al día siguiente.

Se puso en contacto conmigo un tipo muy curioso. Se llama Julián y me dijo que querían contar conmigo para esa cena. Me extrañó porque cuando estuve en la Cafetería Victor, hubo un altercado que me marcó bastante la actuación. A Julián, en cambio, le pareció buena mi actuación pasada y quería que fuera a actuar a la cena y, claro, le dije que sí iba. Con lo que no contaba es que, con este verano tan asqueroso que estamos teniendo, iba a viajar con un catarro descomunal, con un taponamiento auditivo y nasal brutal y en el día más caluroso del año.

Llegué a Calalberche con un calor tremendo. Acudí al local donde actuaba, el Bar el Rocío, en la Plaza de España de Calalberche. Es un local regentado por una pareja con mucha personalidad, Mar y Julio, siempre solicitando los sabios consejos de Charo, la cocinera. Me dijeron que actuaba en la terraza. Esta terraza está quemada por el sol de muchos años, está seca, está pálida y todo lo que se coloque en esa terraza está condenado a morir abrasado en verano y de frío en invierno... Pero después de montar las mesas, colocar dos cositas de nada, la terraza se transforma cuando llega la noche y se crea un clima familiar y acogedor.

La actuación comenzó media hora tarde, después de un discurso del secretario de la asociación dando un toque de atención brutal. Me pareció que después de este toque, yo tendría que morir para que alguien sonriera... porque se quedó el ambiente un poco frío. Pero no fue así. Sucedió que empezaron a sonreir, a reir y a morirse a carcajadas, a dar palmas con las canciones, a cantar los estribillos y a partirse de risa durante una hora y veinte que duró el show. Tengo que agradecer a la Blibaína que aguantó todas las puyas, a todo el público por su complicidad y a toda la junta directiva de la asociación por hacer caso a Julián.

Me despedí con el somos idiotas, el clásico... y qué clásico es que la gente lo cante!.

Me volví con un sabor muy dulce al hotel, sobre todo por las ampollas de jalea real, después de esta noche en Calalberche, urbanización entre árboles, al lado del Alberche y con unos vecinos que son un portento de simpatía...

gracias a todos los que leen esto si es que alguien lo hace.


Tags: calalberche, toledo, mario simancas, humor, irun, donostia, soledad del comico

Publicado por simancasirun @ 11:12  | ACTUACIONES
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