He tardado en escribir un par de días las experiencias del fin de semana anterior, bueno, más que fin de semana, pre-fin de semana.
El jueves volví a recorrer los 850 km. que separan mi casa de Pontevedra. Decidí salir con tiempo y ahorrar en autopistas cogiendo solo nacionales... no es mala idea, porque llegué a la misma hora que podría haber llegado si fuera por autopistas de pago. Pero muuuucho más cansado. Es más, a unos 40 kms. de Benavente decidí recoger a dos autoestopistas portugueses. Una pareja que estaba en medio de la nada... no sé porqué lo hice, supongo que mi cualidad y educación cristiana hicieron mella. Eran dos vendimiadores jóvenes que iban a Portugal. Muy majos, muy simpáticos, muy cansados de caminar, muy sucios y muy malolientes... les dejé en Benavente y abrí las ventanillas de par en par. La verdad es que estaban muy necesitados y creo que les hice un gran favor.
Llegué a Pontevedra a mitad de tarde. Me costó encontrar sitio para aparcar en zona de no pago y no muy lejos del hotel Ruas, que está muy bien y de los pocos en los que he dormido fenomenal. Me dirigí luego al pub donde actuaba. El DOCTOR LIVINGSTON SUPONGO. Un local con una curiosísima decoración que recuerda a las grandes expediciones de los europeos de finales del siglo XIX, principios del XX.
Inclusive tienen un rinoceronte enorme a la entrada.
Allí me atendió una camarera extra simpática llamada Jenny. Dejé el ampli y la guitarra y me largué a descansar al hotel. La actuación empezaba a las 22:00 supuestamente... ya que, como en el 90% de los casos, comenzó bastante más tarde.
Entré como una exalación al pub sin darme cuenta que cobraban entrada de 3€. La chica que estaba en la taquilla, Rosa, se quedó de piedra y ni me paró. El local estaba prácticamente lleno cuando me subí al escenario. El público se entrega desde el primer minuto y el ambiente es muy acogedor. Allí apareció mi amiga Carmen y también una cuadrilla compuesta por Mariña, Omar (amor, roma, ramo, etc) Frank y Carmen que les conocí cuando fui a dejar el ampli por la tarde... "el paga fantas de Pontevedra"
La actuación fue muy bien. El público echó unas cuantas risas sanas, yo me lo pasé como un enano... (cada uno lo que es) y tuve el placer de disfrutar de sus voces cantando el somos idiotas.
Al día siguiente fui a desayunar al mismo sitio. Estaba Rosa con cara de haber dormido poco, pero con una increíble sonrisa matinal que no dejó de contarme chistes ni un segundo... tiene madera de cómica.
Después del desayuno me fui a Pontecesures. Pueblo ubicado a unos 40 kms. de Pontevedra y que principalmente es una calle paralela a un río y que corta una vía de tren donde los trenes pasan a toda máquina. Me tocaba actuar en el pub ESTACIÓN NORTE, que es un antiguo almacén de tabaco perfectamente decorado con gusto y elegancia. Lo atienden dos socios deportistas, Angel y Dani, remero y ciclista por este orden.
Me hizo gracia encontrar carteles de la actuación en la calle y de ahí la foto. La verdad es que el pueblo está muy bien por la tranquilidad del río. El hotel Rio es muy correcto y se duerme bien. por la mañana tienen a un recepcionista camarero llamado Manolo que sabe mucho de cómo arreglar el País dada la charla que nos metimos en la mente.
La actuación comenzó un poco tarde y con poco público. No estuvo nada mal. Lo pasaron bien a ratos. No estoy acostumbrado a micrófonos de diadema para hacer humor y me desconcentraba cada dos por tres seis. Supongo que el humor absurdo de esa noche fue demasiado absurdo en algunos momentos... pero allí estuvieron al pie del cañón con las cañas y con la sonrisa en la cara disfrutando de una hora de humor aderezado con las canciones del disco. Se sacaron fotos, cantaron el somos idiotas también y nos encarzamos en una batalla de chistes después de la actuación entre la cuadrilla del hermano de Dani y yo.
Al día siguiente vuelta para Irun pero esta vez ya por autopistas ya que tenía que llegar pronto a casa para preparar todo el material del mercadillo de segunda mano. El domingo tuvimos un puesto en un mecadillo de segunda mano de Irun y allí que estuve sacando todo lo que no usas en casa.
En definitiva, me encanta Galicia, no tanto el viaje en coche, pero sus montañas, sus paisajes, su mar, sus rías, su gente... merecen la pena el esfuerzo. Gracias a todos los que leen esto, si es que alguien lo hace
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